LA COMUNIDAD ÉTNICA CH’ORTI’.
En este
largo recorrido que hemos realizado, en la lectura del volumen I “El pueblo
maya de Guatemala: veinticinco siglos de historia”, hemos pasado por varios
pueblos poseedores de grandes culturas distintas a la nuestra. Pero
principalmente nos hemos concentrado en el estudio de los mayas durante las
distintas épocas de su existencia presentando sus características, su
cronología, sus fuentes escritas y los idiomas mayas como un importante
elemento que muestra la unidad cultural.
Ahora
estudiaremos algunos hechos históricos
que son propios de nuestra comunidad étnica Ch’orti’. Esto no quiere
decir que debamos olvidar que poseemos un pasado que es común a todos los mayas
y, un futuro que nos desafía como conjunto.
Nosotros
somos los abuelos, nosotras somos las abuelas. Pertenecemos a la comunidad
étnica Ch’orti’.
La historia de nuestra comunidad se remonta a
veinticinco siglos, durante los cuales una base común maya ha sido enriquecida
con los aportes de otros pueblos y civilizaciones, a los cuales también hemos
aportado.
Somos
parte de un conjunto de comunidades étnicas de ascendencia maya, con las cuales
hemos compartido a lo largo de nuestra historia un mismo territorio; lenguas
hermanas que derivan de un tronco común; y hechos, acontecimientos, vivencias y
experiencias.
Hemos
construido juntos una forma de vivir; una manera de relacionarnos con la
naturaleza, con Dios – Creador y Formador-, con nosotros mismos y con los
hombres y mujeres de otras culturas.
Tenemos
una cosmovisión propia, realizamos las artes, la ciencia y la tecnología que
nuestra particular herencia cultura ante los portes universales.
Existen
elementos materiales que nos identifican, como, por ejemplo, el maíz, cuya
domesticación se remonta a los inicios de nuestra civilización, hace
veinticinco siglos. ¡Somos los hombres y las mujeres de maíz!.
También
existen elementos espirituales que hacen que se nos reconozca como mayas, por
ejemplo, el equilibrio entre el hombre y la naturaleza, que practicamos en
todos los actos de nuestra vida
individual y comunitaria.
Nosotros
los abuelos, hemos caminado ya por estas tierras más de medio siglo. En
nuestras comunidades étnicas mayas, los abuelos representamos la sabiduría y la
experiencia y somos los guías de las familias y del pueblo.
A lo
largo de nuestra historia, los abuelos de cada generación hemos sido los
encargados de mantener la tradición y transmitirla, y hemos contribuido a la
sobrevivencia de nuestra cultura. Lo hemos venido haciendo a través de la
palabra oral, por medio de las historias que contamos a nuestros hijos y
nietos.
Hoy
usamos otro medio, también cultivado por
nuestros antepasados: la escritura. Y hemos preparado este libro para llevarles
de la mano a conocer nuestro pasado para entender mejor nuestro presente.
Este
recorrido nos reforzará para continuar aquellas acciones positivas y para
evitar repetir las que nos han traído dolor.
Nuestro
mayor legado es que continuamos aquí presentes.
¿Y dónde estamos hoy?
Actualmente
la comunidad Ch’orti’ la integran los municipios de Jocotán, Camotán, Olopa y Quezaltepeque, en
el departamento de Chiquimula y la
Unión, en el departamento de Zacapa.
La extensión territorial que abarca es de
aproximadamente 1075 km2; cuenta con una población de 74,600
habitantes y el número de hablantes se estima en 52,000 (año 2000). La
comunidad Ch’orti’ se encuentra enclavada en la comunidad de habla castellana
en el oriente de Guatemala.
Algunos hechos relevantes de nuestra historia.
La
comunidad Ch’orti’, ubicada en el oriente del país, jugó un importante papel
antes de la llegada de los españoles, por la riqueza mineral que poseía: jade y obsidiana. Del valle del río
Motagua se obtenía diversas variedades de jade y obsidiana de Chayal (El
Progreso) e Ixtepeque (Jutiapa).
Además,
la comunidad contaba con una vía de comunicación por medio del río Motagua, el
cual los conectaba con las tierras bajas del altiplano de Guatemala.
A
finales del período Clásico, alrededor del siglo VII d. C. esta ruta fue
controlada por los de Quiriguá. También, durante el Postclásico Tardío (1200 –
1524 d. C), río Dulce sirvió de base para establecer un puerto, al que en el
siglo XVI Hernán Cortés conoció como Nito.
Antiguamente,
esta región estuvo habitada por grupos hablantes de diferentes idiomas, el
Ch’orti’ junto al Chol, el Cholan y el Chontal, se hablaban en el siglo XVI en
la región que se extiende desde Copán y Quiriguá hasta el sur de Petén, y las
zonas bajas de Campeche y Tabasco.
Sin
embargo no se sabe desde qué época los Ch’orti’ se encuentran en esa región.
Algunos investigadores han tratado de establecer si fueron ellos los
constructores de los centros mayas de Copán y Quiriguá durante el período
Clásico (250 a 900 d. C.) también, han relacionado con Petén, la bóveda maya
del Asunción Mita, el estilo escultórico, los marcadores del juego de pelota de
Copán, y la escultura y la arquitectura de Quiriguá.
Por
algunas características encontradas, se ha determinado que la élite de Quiriguá era culturalmente distinta de la
que ocupó el valle del río Motagua
durante el período clásico. Por ejemplo, en la parte inferior del valle del río
Motagua se localizan veinte sitios, nueve de los cuales corresponden el período
Clásico, como Quebrada Grande, Bobos, Las Quebradas, Playitas, etc. Varios de
estos lugares tienen el mismo tamaño y la misma complejidad que los que tiene
Quiriguá aunque carecen de elementos esculpidos y difieren en la forma de
construcción.
Aproximadamente,
en el año 900 d. C; se presentó una serie de problemas que llevaron a un
colapso total a los sitios principales: Tikal, Quiriguá y Copán. Hugo
movimientos de población y la presencia de grupos Chontal procedentes del Golfo
de México, establecieron puntos de comercio en la costa atlántica de Guatemala
y Honduras.
La
comunidad Ch’orti’ se extendía desde Zacapa, en el valle central del río
Motagua, al este, hasta Copán. Por el sur se extendía hasta Chiquimula y por el
sureste, hasta Esquipulas. La comunidad estaba densamente poblada en 1530, y a
los españoles les costó mucho apoderarse de ella.
La
población Ch’orti’ sostuvo difíciles batallas contra los españoles bajo la
dirección del cacique Copán Calel y el señor de Mictlán, hasta que en 1530
fueron reducidos y distribuidos en distintos pueblos y encomiendas.
En 1549
redujeron a los pueblos de Chiquimula de la Sierra, San Juan, Camotán,
Quezaltepeque, Chancoate (Ipala), Yupelingo (Jupilingo) e Izquipulas
(Esquipulas). En cada pueblo había alrededor de 105 tributarios (hombres
mayores de 16 años), aunque Jupilingo sólo contaba con 50.
Los
pueblos fueron dados en encomienda a españoles de Santiago de Guatemala, a
excepción de Esquipulas que estaba bajo la jurisdicción de la Corona. Los
tributos se pagaban en especie, de acuerdo con la especialidad de cada
comunidad. Los Ch’orti’ pagaban el tributo en maíz, frijol, cacao, menta, miel,
gallinas y petates.
El
contacto con los españoles tuvo efectos negativos, ya que en 1589, más de la
mitad de la población Ch’orti’ había desaparecido por causa de las epidemias,
llevándose cerca de un siglo poder recuperarse.
El
poblado que mayor crecimiento poblacional tuvo fue el de Chiquimula de la
Sierra, debido a que fue cabecera del Corregimiento y del curato (división administrativa
de la Iglesia Católica).
La
cercanía a las rutas de comercio que se dirigían hacia el golfo Dulce y el
Puerto de Acajutla (situado en El Salvador) llamó la atención de aquellos
españoles que se dedicaron al comercio.
La
piratería en la costa atlántica provocó, además, el establecimiento de compañía
de infantería en el área, conformadas principalmente por mestizos, negros y
mulatos libres.
Todo
esto afectó a la población Ch’orti’ haciéndola no sólo más vulnerable al
mestizaje, sino también a los abusos por parte de los españoles. De esta manera
comunidades Ch’orti’ debían sostener a las tropas dándoles alimentos, caballos,
cabalgaduras y, a veces, transportar su carga, la cual no siempre era pagada ni
abonada a los tributos. Sabemos que el Común del pueblo de San Pedro Zacapa, en 1697, denunció estos abusos a las
autoridades pero fue hasta 1795 que se ordenó se les pagaran todos los
servicios prestados a las tropas.
Conforme
pasó el tiempo, la población se recuperó, aumentó el número de habitantes y se
crearon nuevos poblados, como San Juan Jocotán (San Juan Hermita) en 1677; y
las comunidades de San Esteban y Santa Elena, que se separaron de Chiquimula en
1676.
La
comunidad más pequeña era la de Jupilingo, que en 1549 contaba con 50
tributarios, pero debido a las epidemias y otras calamidades, en 1676 ya sólo
había seis tributarios, por lo que alrededor de 1683, fue despoblado y sus
habitantes trasladados a Esquipulas, aunque conservaron sus tierras comunales
de Jupilingo.
A nivel
religioso, el oriente del país estuvo a cargo de curas seculares, es decir, que ninguna orden
religiosa estuvo en esta área. A mediados del siglo XVII, existían en
Chiquimula ocho cofradías; en Camotán, tres; en Jocotán, cuatro; en San José
(La Arada), una; y en Jupilingo, dos. Estas cofradías eran parte de la
comunidad Ch’orti’, tenían tierras y ganado para obtener fondos para la “caja
de la comunidad”. Esta caja servía para pagar tributos, gastos pertenecientes a
la iglesia, celebraciones de la cofradía y otras necesidades.
Cuando
disminuyó la población Ch’orti’, los españoles aprovecharon para apropiarse de
las tierras que quedaron abandonadas, especialmente, porque durante esa época
no era importante la titulación de tierras.
Sin
embargo, conocemos que el Común de Santa
Lucía tenía una extensión de 34 caballerías, mientas que el de Camotán sólo
contaba con cuatro.
El
traslado de los habitantes de Jupilingo,
por ejemplo, atrajo la atención de muchos ladinos deseosos de ocupar las
tierras de ese fértil valle, y así, a finales del siglo XVII ya existían, por
lo menos tres haciendas y diez propiedades.
Durante
el siglo XVII, los Ch’orti’ continuaron cultivando el algodón, el cual tejían
en forma de mantas para el pago del tributo.
El cacao
también se continuó cultivando en Camotán, Jocotán y Chiquimula.
Los
españoles introdujeron en el área el cultivo del añil y la caña de azúcar,
utilizando para su producción, mano de obra Ch’orti’. Esto dio lugar a abusos,
maltratos y al usurpamiento de las mejores tierras situadas en los valles.
El
Corregimiento de Chiquimula contaba con minas de oro y plata en el pueblo de
Concepción Las Minas llamado también Minas de Alotepeque. Al parecer, estas
minas fueron explotadas desde el siglo XVI porque Esquipulas tributada en
reales de plata.
Otro
metal descubierto en el área fue el hierro, ya que, según don Marcelo Flores
Mogollón, existían minas de hierro desde el pueblo de las Metapas hasta el
golfo Dulce.
Durante
el siglo XVIII, se terminaron de construir algunas iglesias, como la de Quetzaltepeque
y la de Jocotán.
Durante
esta época, además se le anexó al Corregimiento de Chiquimula, el Partido de
Acasaguastlán, conformado por los actuales departamentos de Zacapa y El
Progreso.
La población creció no sólo porque aumentó el
número de poblados sino porque la población se estaba recuperando de las
calamidades, sufridas, de manera que en 1756, la población tributaria era de
12595 individuos, alrededor de la mitad de ellos eran de origen Ch’orti’. De
acuerdo con los censos de esa época, muy pocas personas vivían más de 40
años y menos de la mitad eran casados.
Debemos recordar que tributarios eran todos aquellos mayores de 16 años.
Por otra
parte, la población no maya también comenzó a aumentar y a mediados del siglo
XVIII ya constituía cerca de un 10%, el resto de la población estaba conformada
por españoles, mestizos y mulatos. Los pueblos con mayor cantidad de españoles
eran Zacapa y Chiquimula.
Las
plagas, los terremotos y las epidemias tenían estrecha relación con la
producción de alimentos, pues cualquiera de estas calamidades provocaban falta
de mano de obra para sembrar, lo cual a su vez incidía en la escasez de
alimentos y la desnutrición, lo que volví a las personas sumamente vulnerables
a enfermedades y epidemias.
Tal fue
el caso del pueblo de Jocotán que, en 1725, sufrió una plaga de langostas que
destruyó las cosechas, ocasionó hambruna y debilitó a la población que poco más
tarde cayó presa de una epidemia.
Durante
el siglo XVIII, además, hubo mucha actividad sísmica. En 1733, fuertes
temblores destruyeron la Iglesia de Chiquimula. Como consecuencia de este
terremoto, se extendió una epidemia de viruela que causó la muerte de unas 250
personas, entre adultos y niños.
Sin
embargo, el terremoto de mayores dimensiones fue el de la Santísima Trinidad
ocurrido la noche del 2 de junio de 1765
y que afectó a Chiquimula, Zacapa y Esquipulas.
En Chiquimula, la destrucción
del pueblo fue tal que se decidió trasladarlo a su ubicación actual, y es que a
los temblores se sumaron vientos huracanados, tormentas, brotaron manantiales
de agua sulfurosa y la tierra se agrietó destruyendo edificios y siembras, las
aguas se contaminaron, los caminos quedaron inservibles y muchos estériles.
En
cuanto a la producción agrícola se seguía cultivando el maíz y cacao como
productos básicos. Otros productos de la región eran la caña de azúcar, el añil
y el tabaco, todos a cargo de ladinos pero con mano de obra maya, sufriendo
abusos y excesos de trabajo.
Por
ejemplo, los corregidores y algunos curas repartían algodón a las mujeres
indígenas para que o hilaran, pero aunque estos repartimientos fueron
prohibidos en 1759, se continuaron dando y la carga de trabajo era tal, que en
Jocotán las mujeres no tenían tiempo para hacer otra cosa, por lo que se dice
que todos, aún los niños, andaban desnudos. En los trapiches se trabajaba todo
el año y los Ch’orti’ no gozaban de descanso alguno.
A lo
largo del siglo XVIII, la ganadería continuó siendo importante, de tal manera
que en 1776, las cofradías del Corregimiento poseían, entre todas, 4641 reses,
894 yeguas y 541 caballos.
El siglo
XVIII, vio además el desarrollo de la explotación minera sufrida grandemente
por la comunidad Ch’orti’ de los poblados cercanos, especialmente de
Quezaltepeque.
Conforme
iba aumentando el número de mineros, mayor era la presión sobre los Ch’orti’,
todos los mineros se peleaban a la misma población, sólo que unos la
solicitaban y otros llegaban a sacar a los Ch’orti’ de sus pueblos.
En
Jocotán, en 1801, se dio una epidemia de fiebre amarillo.
A raíz
de esta epidemia, los Ch’orti’ de Jocotán pidieron exoneración del tributo. El
gobierno envió a un funcionario que se asombó del sufrimiento y explotación
sufrida por el pueblo Ch’orti’, así que ordenó perdonar el tributo, que se
ajustaran las listas de tributarios tomando en cuenta todas las muertes y que
dos terceras partes del dinero de la “caja de la comunidad” fuera distribuido
entre viudas y huérfanos para comprar comida, así como que los comerciantes
buscaran voluntarios ladinos o negros para cargar y descargar mercadería.
La
independencia no trajo ningún beneficio a la población Ch’orti’ que en 1835 se
rebeló en Chiquimula y en 1537 se unió a los ladinos comandados por Rafael
Carrera en una revuelta revolucionaria.
Los
gobiernos cambiaron pero la situación del pueblo Ch’orti’ siguió igual. En 1871
el gobierno invitó a iglesias norteamericanas a predicar en Guatemala.
Las
comunidades Ch’orti’ de Guatemala fueron también castigadas por la ola de
violencia desatada durante la década de 1980. Esto afectó la organización y la
participación de la comunidad en la realización de varios proyectos de
desarrollo.
Muchos
recuerdan cómo, en 1981, había comunidades enteras reportadas y acusadas de ser
“guerrilleros” por el ejército. Esto tuvo, como consecuencia, la migración
masiva hacia otros lados como Honduras, El Salvador y otras regiones de
Guatemala.
MEMORIAS DE NUESTRA COMUNIDAD.
¡Qué
largo ha sido este viaje! ¡Cuántas enseñanzas nos han dejado!
Contemplemos
la maravillosa comunidad étnica Ch’orti’
que forma parte de Guatemala, nuestro país. Acerquémonos a sus pobladores para
conversar con ellos, para que nos cuenten lo que saben de sus orígenes, de sus
antepasados, de sus costumbres, de sus creencias, de su organización social, de
sus creaciones artísticas, de la naturaleza que los rodea.
Busquemos
a otros pueblos, abuelas, ancianos y ancianas y juntos sentémonos a platicar.
Los
abuelos y las abuelas cuentan muchas historias sobre el origen de las viejas
comunidad Ch’orti’ y de sus propios poblados. Oigamos algunos de esos relatos.
Idioma.
El
idioma Ch’orti’ es de uso familiar y comunitario; fuera de ella, la comunidad
se realiza totalmente en castellano.
Existen
algunas comunidades donde se comunican únicamente en castellano porque, desde
pequeños, sus padres no les enseñaron a hablar en Ch’orti’. Sin embargo, están
de acuerdo en aprenderlo.
Educación.
En la
actualidad, muchos padres de familia mandan a sus hijos a hijas a las escuelas
de las comunidades para que puedan estudiar y prepararse para obtener mejores
oportunidades de trabajo.
Antiguamente,
la educación que se impartía era familiar; ésta giraba en torno a la
agricultura, el respeto a los mayores y la propiedad ajena. Dicha educación era
transmitida, de generación en generación, por medio de la tradición oral y el
ejemplo. Además, se instruía en el oficio de la fabricación de las diferentes
artesanías que se elaboraban en el seno de la familia.
Familia y matrimonio.
La familia está integrada por los abuelos, el
papá, la mamá, y de 4 a 6 hijos e hijas quienes, al estar en condiciones de
formar su propia familia, la realizan.
En esta
comunidad, el noviazgo y el matrimonio no son obligatorios, pero si se
acostumbra que las mujeres deben ser pedidas por los varones. Primero, va la
mamá del muchacho a hablar con la mamá de la muchacha para comunicarle las
intenciones de su hijo. Luego, la mamá de la muchacha invita al muchacho para
que llegue a su casa a platicar con los dos padres.
Transcurridos
15 ó 20 días, el muchacho llega a casa de los padres de la muchacha para
comunicar sus sentimientos; tendrá que llegar varias veces hasta que le den una
respuesta afirmativa. Cuando es aceptado este matrimonio, las madres de los
novios van al mercado para comprar la dona (Zapatos, aretes, collares,
fustanes, toalla, pañuelos pequeños, ganchos de pelo y uno o dos vestidos de
cualquier color), la cual será suficiente para que la muchacha pueda iniciar su
vida matrimonial con el muchacho. Si la
boda es religiosa, entonces se debe comprar un vestido blanco, aparte de lo que
ya se compró.
Las
muchachas se casan a partir de los 18
años y, las que sólo se juntan con sus novios, lo pueden hacer a partir de los
14 años. Los muchachos pueden iniciar su vida familiar a partir de los 18 ó 20
años. Al casarse empiezan a vivir en la casa de los papás del muchacho hasta
que éste haya construido su propia casa.
En
varias comunidades Ch’orti’ existen madres viudas o solteras, como consecuencia
de la violencia de los años 80 o de los reclutamientos para prestar servicio
militar.
Por la
pobreza, la falta de tierras cultivables y una buena producción, toda la
familia se involucra en el trabajo: crianza de aves de corral, marranos o
ganado; elaboración de artesanías; y agricultura. También ha sido necesario en
muchos casos, la migración temporal a ciertas regiones de Guatemala, Honduras y
El Salvador.
Desarrollo comunal.
En la
comunidad Ch’orti’ existen varios comités de desarrollo local, los cuales velan
por el desarrollo de las comunidades. Existen comités que trabajan juntamente con
organizaciones nacionales e internacionales como el Cuerpo de Paz, DIGESA,
DIGEBOS, CARE, Visión Mundial y el Comité de Reconstrucción Nacional. Todos
estos comités promueven técnicas para el mejoramiento de los cultivos agrícolas
y hacen más productivas las pocas tierras que poseen. Están al mando de la
comunidad, la cual elige a los miembros y toma las decisiones respecto a las
acciones que se seguirán; también elige
a las personas que fungirán como alcaldes auxiliares según los méritos que
hayan alcanzado o la capacidad que hayan demostrado para ocupar estos cargos.
INDUMENTARIA.
El traje
antiguo consistía en calzones blancos para los hombres y cortes plegados para
las mujeres.
Este
traje ya no se usa, ya que el precio es elevado y los salarios no son
suficientes para seguir vistiendo de esta forma. Además, los hijos e hijas ya
no quieren usarlo, lo que ha motivado a cambiar las formas de vestir. Estos
cambios, en algunos casos se debieron a las constantes humillaciones (acrecentadas
en el momento de tener que prestar servicio militar) a que fueron sometidos los
abuelos y los padres actuales; se les decía “chucho blanco” o “caballo blanco”.
Sin
embargo, en algunas comunidades y familias conservadores, entierran a sus
difuntos con este traje blanco, al cual ellos llaman “mortaja”.
TRABAJO INDIVIDUAL Y COLECTIVO.
En casi
toda la comunidad Ch’orti’, las actividades principales son las agrícolas,
domésticos y artesanales.
Las
tierras se trabajan de acuerdo con la extensión que posea cada individuo o
familia. Además, quienes tienen posibilidad de contratar mano de obra ajena a
la familia, lo realizan; quienes no pueden, comparte el trabajo con otras
familias, primero se hace el trabajo de una familia y luego de la otra. La
cantidad de tierras que poseen varía desde las cuatro tareas (cuerdas)
hasta dos o tres manzanas.
El
trabajo colectivo se realiza cuando el trabajo es de beneficio comunal:
introducción de agua potable, construcción de un centro de salud o de la
escuela, introducción de una carretera,
instalación de llenacántaros, ayuda mutua durante la construcción de una
vivienda, cuando uno levanta su casa, ayudan todos los del poblado a levantar
las paredes colocar el techo, acarrear los materiales y comparten su comida-.
Las
autoridades de la comunidad son las encargadas de organizar y coordinar la
labor.
Los
cultivos más desarrollados son el maíz y el frijol, como base principal del
sustento diario; el maicillo, el maguey y el tul, materia prima para elaborar
lazos, redes, pitas, hamacas, etc.
Los
niños a partir de los siete u ocho años, se inician en la práctica agrícola con
la realización de trabajos sencillos. Al llegar a los 12 ó 13 años, pueden
salir de la comunidad para hacer sus jornales y ganar un promedio de Q. 15.00 diarios. Las
niñas, a esa misma edad, se inician con la mamá o la abuela en la elaboración
de petates, lazos, pitas, etc.
Antiguamente,
recuerdan los abuelos, las tierras eran trabajadas por toda la familia. Ahora,
todos los terrenos tienen propietarios y, los cultivables, escasean. Por eso,
terminadas las labores agrícolas de la comunidad (cuidado de maíz y frijol), la
población viaja temporalmente a trabajar a fincas de Honduras, El Salvador,
Zacapa y Chiquimula para cortar café o realizar cualquier otro trabajo que sea
bien remunerado.
ARTES Y ARTESANÍAS.
Las
artesanías que fabrican son: petates, sopladores, escobas, lazos, redes,
canastos, pitas, morrales de lana, bordados a mano, ollas, comales y tinajas.
Estos
productos son vendidos los días de mercado en las diferentes cabeceras
municipales.
SALUD.
Las
enfermedades que más se padecen son: temperatura, diarrea, vómitos y sarampión.
Para curarlas, utilizan diversas plantas medicinales propias del lugar, después
de hacer consultado a un abuelo. También hay personas que consultan al médico
del centro de salud, al promotor de salud o compran directamente la medicina en
las farmacias o las tiendas locales.
Cuando
los niños tienen diarrea, les preparan un suero con agua, azúcar, sal y limón.
Con éste se evita la deshidratación. Para que se alimente, le dan atol de dos
cocimientos. Éste se elabora así: En una olla se cocina maíz sin cal, luego se
muele, se cuela. Se cocina nuevamente con agua, azúcar y canela, y se toma. En
algunas ocasiones se tuesta el maíz, luego de cocido; si se prepara así, se le llama atol de siete
cocimientos. Las plantas medicinales que utilizan para diferentes enfermedades
son: tabardillo, limón, chacté, palo de jiote, jiquilita, etc.
VISIÓN DEL MUNDO Y DE LA VIDA.
Para
toda la comunidad Ch’orti’, la tierra es sagrada porque de allí sale el
alimento para todos: para el hombre, las plantas y los animales.
La luna
y el sol juegan un papel importante en la vida de los habitantes de esta
comunidad. Por medio de éstos saben cuándo iniciar sus prácticas agrícolas o
realizar siembras y cultivos específicos.
Los
abuelos dicen que es malo salir durante la noche, porque tanto los animales
como los malos espíritus pueden salir en el camino y apoderarse de la vida de
una persona.
El día
es el momento que tenemos los vivos para trabajar y caminar porque Dios da la
claridad y los cuida.
Las
antiguas prácticas religiosas mayas a nivel comunal se han perdido; sólo se
practican a nivel familiar. Las más comunes son las que se realizan cuando se
inicia la siembra del maíz y se pide permiso a la madre naturaleza por el daño
que se le ocasionará sembrando en ella el grano sagrado de la alimentación
diaria del Ch’orti’.
También
cuando se pide la lluvia necesaria para tener una buena producción y cosecha.
Para esta ocasión el anciano que dirige la ceremonia se encamina al terreno
donde se realizará la siembra. A medio terreno abre un agujero en el suelo,
corta la cabeza a una gallina que ha sido ofrecida como tributo y la entierra.
Esta ceremonia es acompañada de oraciones, candelas y quema de copal. En algunas
comunidades a la persona que hace esta ceremonia la llaman: “padrino de agua”.
LEYENDAS.
Las
leyendas que se cuentan en esta área son las de la llorona, el sombrerón, el
cadejo, el duende y el de la siguanaba.
LEYENDA DE LA DESTRUCCIÓN DE OLOPA.
Cuentan nuestros
abuelos que el Señor (Jesucristo) se presentó en esta comunidad como una
persona enferma llena de llagas en los pies; iba visitando a la gente en sus
casas. Cuando llegaba a alguna casa, les mostraba las llagas de los pies y la
gente no lo recibía, lo regañaban y le decías que se largara. Cuando, por
casualidad, llegaba a alguna casa durante la hora de la comida, quien lo
atendiera, al verlo, agarraba algunas tortillas del canasto y se les tiraba
para que no se acercara; el Señor daba la vuelta y seguía su camino. Así pasó
de casa en casa hasta que visitó toda la comunidad.
Iba ya de salida cuando visitó la última casa,
era de una señora anciana.
El Señor
le habló y la señora le respondió: “Pase adelante, entre”. El Señor le contestó:
“Aquí no más”. La señora le replicó: “no, entre”. Entró el Señor, la señora le
tendió un pedazo de lienzo de algodón y le dijo que descansaran y agregó: “no,
no puedo descansar, porque estoy enfermo”. Pero la señora le insistió.
Entonces, el Señor descansó sobre el petate y cubierto con el lienzo de algodón
que le dio la señora. Al levantarse, las llagas no llevaban prendido nada de la
tela de algodón. La señora preparó comida y llamó al Señor para comer: Él tomó
el caldo, con la tortilla y dejó la carne.
Entonces
dijo Él: “ahora, vas a salir de aquí porque este pueblo va a ser destruido”.
“Pero, ¿cómo hago para dejar mi casa?”, dijo la señora. El Señor replicó:
“Usted déjela y váyase; no se quede aquí. Tome el rumbo del oriente o del
poniente, pero no se quede aquí”. Entonces la señora obedeció, tomó su ropa, se
la puso sobre la cabeza, amarró su perro a la espalda y cargó entre sus brazos
a su pequeño. Antes de salir, el Señor le advirtió: “Cuando caiga truenos, no
voltee a ver ni vaya a decir “¡ay Dios mío!”. Usted continúe su camino. “Está
bien”, le respondió.
No había
pasado mucho tiempo después de que la señora había salido de su casa (iba
subiendo un gran cerro que conduce hacia la aldea Muyucu), cuando oyó un arrasador
trueno que caía sobre Copán. En ese momento volvió a ver hacia el este y dijo:
“¡Ay, mi pueblo, se perdió!”. En ese instante ella cayó al suelo convertida en
una piedra. Esta muestra claramente el tanate de roca en la aldea, el perro y
la cría entre los brazos. Toda la gente que había en las casas de Copán se convirtió
en piedra.
Esta
desgracia cayó sobre Copán por no reconocer al Señor y no brindarle ningún
apoyo.
RITUALES DE CURACIÓN:
Según
algunas creencias cuando una persona es asustada o perseguida por el espíritu
(nawal) de alguna persona muerta asesinada en el camino, hay que visitar a un
anciano o curandero para que le libere de la muerte. El procedimiento que se
sigue es: sobar a la persona con hojas de tabaco, pasarle una gallina de color
rojo y negro, y hacer oraciones en idioma Ch’orti’, a la vez que se quema
copal y candelas. La gallina de color
rojo es para llamarle el espíritu del que fue asustando por el ánima de un
ausente. La gallina de color negro se usa cuando las personas son asustadas por
otro tipo de espantos. También se usa una gallina de color blanco para los asustados
por espantos de agua, de nacimientos de
agua, de aleros de la casa y de las goteras. Estas gallinas sirven también para
realizar otros rituales de curación dependiendo de la procedencia de la
enfermedad.
|
LA GRANADERA
Tzijb’arir rum nojchinam
Pabellón
Nacional
Ne’t
jax tzijb’arir Chinam Iximrum
eres
el símbolo de mi país,
lajt’ib’
rum xe’ irseyaj kachich yi
Iximrum
emblema universal que
identificas nuestra sangre y nacionalidad.
Achuwan tama e ik’ar tuka twa’ sakunob’
ondeas
en el viento en señal de hermandad,
Nawal jax umen nojta’ inb’utz yi twa’
ub’ajner.
signo
eres de soberanía y de libertad.
Taka
kub’syo’n war kawira inb’utzir
con
reverencia honramos tu hermosura
Yi ta k’anpa’r no’n war kawira inb’utz
y
con civismo honramos tu esplendor,
Atzijb’arir inb’utz tu’t e k’in,
tus
colores belleza de cielo,
Yi utokarob’ ache inb’utz chakte’ e
inb’utz kuk.
y
con nubes hizo suave nido el bello Quetzal.
|
JURA A LA BANDERA
KATZIJB’ARIR
Bandera
nuestra
TA NE’T KACHOJB’ES
a ti
juramos
K’ONER YI EJKAR TWA APAXI
devoción
perdurable
WARTO MA ASATPA
lealtad
perenne.
INB’UTZ, MATAKA YI KAJNYER
honor
sacrificio y esperanza,
TU’T E B’ISK’IN UKACHAMER
hasta la
hora de nuestra muerte
TAMA E UKAB’A TWA E CHICH YI TWA E RUM,
En nombre
de la sangre y de la Tierra,
KAPAXI WARTO TWA E INB’UTZ
juramos
mantener tu excelsitud
UMEN MEYRA NUMER MEYRA
por sobre
todas las cosas
TAMA E UKAJNYER AJK’INOB’
en los
prósperos días
YI TAMA E MATAKA AJK’INOB’
y en los
días adversos.
YI WARTO WARTO YI KAXIN E CHAMSEYAJ
y velar y
aún morir
TAMAR ACHUWAN MEYRA AJK’INOB’
porque
ondees perpetuamente
TAMA E CHINAM IXIMRUM INB’UTZ
sobre una
patria digna.
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CORRIDO
A IPALA. K’AY TA
CHINAM IPALA
Inkuxpa yar Chinam
Ipala inb’utz,
yaja’ tama e nojja’
uwira el Katu
yi yaja’ tama e iximob’
sajmi war jaja’r.
Ipala ture’n
ojrono’x ink’ay
ojrono’x an’ru
taka ne’n jax inb’utz.
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Uwixiktak intzuren
war inb’utz inb’utz
uwinikob’ nojta’
ma’chi ayan nojtob’,
yi tama e uk’anirob’
jaxir yi yaja’.
CORO: Ipala ture’n ….
Ipala
twa’ nik’anire’n
¡CH’AJB’EYX!
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NE’N AYAN NITUJRUR
Ne’n
taka xe’ chuchu’ tama e otot
Xe’
chuchu’ tama e b’ajxanir,
ne’n
xe’ inkajyere’n tu’t nitu’
tu’t
niwajkanseyaj jax e ek.
Yaja
tama e otot nitu’ inb’utz
ukxiniti’
tuno’r e ajk’inob’,
tara
ta kanwa’r tuno’r e chuyujk’in,
tut
niwajkanseyaj uyajke’n e tzayer.
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Ne’n ayan nitujrur
utub’i inwirsyo’x
jay inkojt winik k’ani umanye’n
nitatob’ inb’utz xe’
mataka unb’yob’
¡LOKENIK
TARA!
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SOY UN TESORO
El más pequeño soy de
mi casa,
el más pequeño soy de
primero,
soy el encanto de mi
mamita,
de mi maestra soy el
lucero.
Allá en mi casa mi buena madre,
me come a besos todos los días,
y aquí en la escuela todas las tardes
mi maestrita me da alegrías.
Soy un tesoro
puedo probarlo,
si un rey
quisiera comprarme a mí
mis buenos padres sin
escucharlo
responderían
¡FUERA DE AQUÍ!
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