jueves, 25 de junio de 2015

La Comunidad Étnica Chortí


LA COMUNIDAD ÉTNICA CH’ORTI’.
En este largo recorrido que hemos realizado, en la lectura del volumen I “El pueblo maya de Guatemala: veinticinco siglos de historia”, hemos pasado por varios pueblos poseedores de grandes culturas distintas a la nuestra. Pero principalmente nos hemos concentrado en el estudio de los mayas durante las distintas épocas de su existencia presentando sus características, su cronología, sus fuentes escritas y los idiomas mayas como un importante elemento que muestra la unidad cultural.

Ahora estudiaremos algunos hechos históricos  que son propios de nuestra comunidad étnica Ch’orti’. Esto no quiere decir que debamos olvidar que poseemos un pasado que es común a todos los mayas y, un futuro que nos desafía como conjunto.

Nosotros somos los abuelos, nosotras somos las abuelas. Pertenecemos a la comunidad étnica Ch’orti’.

 La historia de nuestra comunidad se remonta a veinticinco siglos, durante los cuales una base común maya ha sido enriquecida con los aportes de otros pueblos y civilizaciones, a los cuales también hemos aportado.

Somos parte de un conjunto de comunidades étnicas de ascendencia maya, con las cuales hemos compartido a lo largo de nuestra historia un mismo territorio; lenguas hermanas que derivan de un tronco común; y hechos, acontecimientos, vivencias y experiencias.

Hemos construido juntos una forma de vivir; una manera de relacionarnos con la naturaleza, con Dios – Creador y Formador-, con nosotros mismos y con los hombres y mujeres de otras culturas.

Tenemos una cosmovisión propia, realizamos las artes, la ciencia y la tecnología que nuestra particular herencia cultura ante los portes universales.
Existen elementos materiales que nos identifican, como, por ejemplo, el maíz, cuya domesticación se remonta a los inicios de nuestra civilización, hace veinticinco siglos. ¡Somos los hombres y las mujeres de maíz!.
También existen elementos espirituales que hacen que se nos reconozca como mayas, por ejemplo, el equilibrio entre el hombre y la naturaleza, que practicamos en todos los  actos de nuestra vida individual y comunitaria.

Nosotros los abuelos, hemos caminado ya por estas tierras más de medio siglo. En nuestras comunidades étnicas mayas, los abuelos representamos la sabiduría y la experiencia y somos los guías de las familias y del pueblo.

A lo largo de nuestra historia, los abuelos de cada generación hemos sido los encargados de mantener la tradición y transmitirla, y hemos contribuido a la sobrevivencia de nuestra cultura. Lo hemos venido haciendo a través de la palabra oral, por medio de las historias que contamos a nuestros hijos y nietos.

Hoy usamos  otro medio, también cultivado por nuestros antepasados: la escritura. Y hemos preparado este libro para llevarles de la mano a conocer nuestro pasado para entender mejor nuestro presente.

Este recorrido nos reforzará para continuar aquellas acciones positivas y para evitar repetir las que nos han traído dolor.

Nuestro mayor legado es que continuamos aquí presentes.

 ¿Y dónde estamos hoy?

Actualmente la comunidad Ch’orti’ la integran los municipios de  Jocotán, Camotán, Olopa y Quezaltepeque, en el departamento de Chiquimula y  la Unión, en el departamento de Zacapa. 

La extensión territorial que abarca es de aproximadamente 1075 km2; cuenta con una población de 74,600 habitantes y el número de hablantes se estima en 52,000 (año 2000). La comunidad Ch’orti’ se encuentra enclavada en la comunidad de habla castellana en el oriente de Guatemala.

Algunos hechos relevantes de nuestra historia.
La comunidad Ch’orti’, ubicada en el oriente del país, jugó un importante papel antes de la llegada de los españoles, por la riqueza mineral que poseía: jade y obsidiana. Del valle del río Motagua se obtenía diversas variedades de jade y obsidiana de Chayal (El Progreso) e Ixtepeque (Jutiapa).

Además, la comunidad contaba con una vía de comunicación por medio del río Motagua, el cual los conectaba con las tierras bajas del altiplano de Guatemala.

A finales del período Clásico, alrededor del siglo VII d. C. esta ruta fue controlada por los de Quiriguá. También, durante el Postclásico Tardío (1200 – 1524 d. C), río Dulce sirvió de base para establecer un puerto, al que en el siglo XVI Hernán Cortés conoció como Nito.

Antiguamente, esta región estuvo habitada por grupos hablantes de diferentes idiomas, el Ch’orti’ junto al Chol, el Cholan y el Chontal, se hablaban en el siglo XVI en la región que se extiende desde Copán y Quiriguá hasta el sur de Petén, y las zonas bajas de Campeche y Tabasco.

Sin embargo no se sabe desde qué época los Ch’orti’ se encuentran en esa región. Algunos investigadores han tratado de establecer si fueron ellos los constructores de los centros mayas de Copán y Quiriguá durante el período Clásico (250 a 900 d. C.) también, han relacionado con Petén, la bóveda maya del Asunción Mita, el estilo escultórico, los marcadores del juego de pelota de Copán, y la escultura y la arquitectura de Quiriguá.

Por algunas características encontradas, se ha determinado que la élite  de Quiriguá era culturalmente distinta de la que ocupó  el valle del río Motagua durante el período clásico. Por ejemplo, en la parte inferior del valle del río Motagua se localizan veinte sitios, nueve de los cuales corresponden el período Clásico, como Quebrada Grande, Bobos, Las Quebradas, Playitas, etc. Varios de estos lugares tienen el mismo tamaño y la misma complejidad que los que tiene Quiriguá aunque carecen de elementos esculpidos y difieren en la forma de construcción.

Aproximadamente, en el año 900 d. C; se presentó una serie de problemas que llevaron a un colapso total a los sitios principales: Tikal, Quiriguá y Copán. Hugo movimientos de población y la presencia de grupos Chontal procedentes del Golfo de México, establecieron puntos de comercio en la costa atlántica de Guatemala y  Honduras.

La comunidad Ch’orti’ se extendía desde Zacapa, en el valle central del río Motagua, al este, hasta Copán. Por el sur se extendía hasta Chiquimula y por el sureste, hasta Esquipulas. La comunidad estaba densamente poblada en 1530, y a los españoles les costó mucho apoderarse de ella.

La población Ch’orti’ sostuvo difíciles batallas contra los españoles bajo la dirección del cacique Copán Calel y el señor de Mictlán, hasta que en 1530 fueron reducidos y distribuidos en distintos pueblos y encomiendas.

En 1549 redujeron a los pueblos de Chiquimula de la Sierra, San Juan, Camotán, Quezaltepeque, Chancoate (Ipala), Yupelingo (Jupilingo) e Izquipulas (Esquipulas). En cada pueblo había alrededor de 105 tributarios (hombres mayores de 16 años), aunque Jupilingo sólo contaba con 50.

Los pueblos fueron dados en encomienda a españoles de Santiago de Guatemala, a excepción de Esquipulas que estaba bajo la jurisdicción de la Corona. Los tributos se pagaban en especie, de acuerdo con la especialidad de cada comunidad. Los Ch’orti’ pagaban el tributo en maíz, frijol, cacao, menta, miel, gallinas y petates.

El contacto con los españoles tuvo efectos negativos, ya que en 1589, más de la mitad de la población Ch’orti’ había desaparecido por causa de las epidemias, llevándose cerca de un siglo poder recuperarse.

El poblado que mayor crecimiento poblacional tuvo fue el de Chiquimula de la Sierra, debido a que fue cabecera del Corregimiento y del curato (división administrativa de la Iglesia Católica).

La cercanía a las rutas de comercio que se dirigían hacia el golfo Dulce y el Puerto de Acajutla (situado en El Salvador) llamó la atención de aquellos españoles que se dedicaron al comercio.

La piratería en la costa atlántica provocó, además, el establecimiento de compañía de infantería en el área, conformadas principalmente por mestizos, negros y mulatos libres.
Todo esto afectó a la población Ch’orti’ haciéndola no sólo más vulnerable al mestizaje, sino también a los abusos por parte de los españoles. De esta manera comunidades Ch’orti’ debían sostener a las tropas dándoles alimentos, caballos, cabalgaduras y, a veces, transportar su carga, la cual no siempre era pagada ni abonada a los tributos. Sabemos que el Común del pueblo de San Pedro  Zacapa, en 1697, denunció estos abusos a las autoridades pero fue hasta 1795 que se ordenó se les pagaran todos los servicios prestados a las tropas.

Conforme pasó el tiempo, la población se recuperó, aumentó el número de habitantes y se crearon nuevos poblados, como San Juan Jocotán (San Juan Hermita) en 1677; y las comunidades de San Esteban y Santa Elena, que se separaron de Chiquimula en 1676.
La comunidad más pequeña era la de Jupilingo, que en 1549 contaba con 50 tributarios, pero debido a las epidemias y otras calamidades, en 1676 ya sólo había seis tributarios, por lo que alrededor de 1683, fue despoblado y sus habitantes trasladados a Esquipulas, aunque conservaron sus tierras comunales de Jupilingo.

A nivel religioso, el oriente del país estuvo a cargo de  curas seculares, es decir, que ninguna orden religiosa estuvo en esta área. A mediados del siglo XVII, existían en Chiquimula ocho cofradías; en Camotán, tres; en Jocotán, cuatro; en San José (La Arada), una; y en Jupilingo, dos. Estas cofradías eran parte de la comunidad Ch’orti’, tenían tierras y ganado para obtener fondos para la “caja de la comunidad”. Esta caja servía para pagar tributos, gastos pertenecientes a la iglesia, celebraciones de la cofradía y otras necesidades.

Cuando disminuyó la población Ch’orti’, los españoles aprovecharon para apropiarse de las tierras que quedaron abandonadas, especialmente, porque durante esa época no era importante la titulación de tierras.

Sin embargo, conocemos que el Común de Santa Lucía tenía una extensión de 34 caballerías, mientas que el de Camotán sólo contaba con cuatro.

El traslado  de los habitantes de Jupilingo, por ejemplo, atrajo la atención de muchos ladinos deseosos de ocupar las tierras de ese fértil valle, y así, a finales del siglo XVII ya existían, por lo menos tres haciendas y diez propiedades.

Durante el siglo XVII, los Ch’orti’ continuaron cultivando el algodón, el cual tejían en forma de mantas para el pago del tributo.

El cacao también se continuó cultivando en Camotán, Jocotán y Chiquimula.

Los españoles introdujeron en el área el cultivo del añil y la caña de azúcar, utilizando para su producción, mano de obra Ch’orti’. Esto dio lugar a abusos, maltratos y al usurpamiento de las mejores tierras situadas en los valles.

El Corregimiento de Chiquimula contaba con minas de oro y plata en el pueblo de Concepción Las Minas llamado también Minas de Alotepeque. Al parecer, estas minas fueron explotadas desde el siglo XVI porque Esquipulas tributada en reales de plata.

Otro metal descubierto en el área fue el hierro, ya que, según don Marcelo Flores Mogollón, existían minas de hierro desde el pueblo de las Metapas hasta el golfo Dulce.

Durante el siglo XVIII, se terminaron de construir algunas iglesias, como la de Quetzaltepeque y la de Jocotán.

Durante esta época, además se le anexó al Corregimiento de Chiquimula, el Partido de Acasaguastlán, conformado por los actuales departamentos de Zacapa y El Progreso.
La  población creció no sólo porque aumentó el número de poblados sino porque la población se estaba recuperando de las calamidades, sufridas, de manera que en 1756, la población tributaria era de 12595 individuos, alrededor de la mitad de ellos eran de origen Ch’orti’. De acuerdo con los censos de esa época, muy pocas personas vivían más de 40 años  y menos de la mitad eran casados. Debemos recordar que tributarios eran todos aquellos mayores de 16 años.

Por otra parte, la población no maya también comenzó a aumentar y a mediados del siglo XVIII ya constituía cerca de un 10%, el resto de la población estaba conformada por españoles, mestizos y mulatos. Los pueblos con mayor cantidad de españoles eran Zacapa y Chiquimula.

Las plagas, los terremotos y las epidemias tenían estrecha relación con la producción de alimentos, pues cualquiera de estas calamidades provocaban falta de mano de obra para sembrar, lo cual a su vez incidía en la escasez de alimentos y la desnutrición, lo que volví a las personas sumamente vulnerables a enfermedades y epidemias.

Tal fue el caso del pueblo de Jocotán que, en 1725, sufrió una plaga de langostas que destruyó las cosechas, ocasionó hambruna y debilitó a la población que poco más tarde cayó presa de una epidemia.

Durante el siglo XVIII, además, hubo mucha actividad sísmica. En 1733, fuertes temblores destruyeron la Iglesia de Chiquimula. Como consecuencia de este terremoto, se extendió una epidemia de viruela que causó la muerte de unas 250 personas, entre adultos y niños.
Sin embargo, el terremoto de mayores dimensiones fue el de la Santísima Trinidad ocurrido la noche del 2 de junio  de 1765 y que afectó a Chiquimula, Zacapa y Esquipulas.

 En Chiquimula, la destrucción del pueblo fue tal que se decidió trasladarlo a su ubicación actual, y es que a los temblores se sumaron vientos huracanados, tormentas, brotaron manantiales de agua sulfurosa y la tierra se agrietó destruyendo edificios y siembras, las aguas se contaminaron, los caminos quedaron inservibles y muchos estériles.

En cuanto a la producción agrícola se seguía cultivando el maíz y cacao como productos básicos. Otros productos de la región eran la caña de azúcar, el añil y el tabaco, todos a cargo de ladinos pero con mano de obra maya, sufriendo abusos y excesos de trabajo.

Por ejemplo, los corregidores y algunos curas repartían algodón a las mujeres indígenas para que o hilaran, pero aunque estos repartimientos fueron prohibidos en 1759, se continuaron dando y la carga de trabajo era tal, que en Jocotán las mujeres no tenían tiempo para hacer otra cosa, por lo que se dice que todos, aún los niños, andaban desnudos. En los trapiches se trabajaba todo el año y los Ch’orti’ no gozaban de descanso alguno.

A lo largo del siglo XVIII, la ganadería continuó siendo importante, de tal manera que en 1776, las cofradías del Corregimiento poseían, entre todas, 4641 reses, 894 yeguas y 541 caballos.
El siglo XVIII, vio además el desarrollo de la explotación minera sufrida grandemente por la comunidad Ch’orti’ de los poblados cercanos, especialmente de Quezaltepeque.

Conforme iba aumentando el número de mineros, mayor era la presión sobre los Ch’orti’, todos los mineros se peleaban a la misma población, sólo que unos la solicitaban y otros llegaban a sacar a los Ch’orti’ de sus pueblos.

En Jocotán, en 1801, se dio una epidemia de fiebre amarillo.

A raíz de esta epidemia, los Ch’orti’ de Jocotán pidieron exoneración del tributo. El gobierno envió a un funcionario que se asombó del sufrimiento y explotación sufrida por el pueblo Ch’orti’, así que ordenó perdonar el tributo, que se ajustaran las listas de tributarios tomando en cuenta todas las muertes y que dos terceras partes del dinero de la “caja de la comunidad” fuera distribuido entre viudas y huérfanos para comprar comida, así como que los comerciantes buscaran voluntarios ladinos o negros para cargar y descargar mercadería.

La independencia no trajo ningún beneficio a la población Ch’orti’ que en 1835 se rebeló en Chiquimula y en 1537 se unió a los ladinos comandados por Rafael Carrera en una revuelta revolucionaria.

Los gobiernos cambiaron pero la situación del pueblo Ch’orti’ siguió igual. En 1871 el gobierno invitó a iglesias norteamericanas a predicar en Guatemala.

Las comunidades Ch’orti’ de Guatemala fueron también castigadas por la ola de violencia desatada durante la década de 1980. Esto afectó la organización y la participación de la comunidad en la realización de varios proyectos de desarrollo.

Muchos recuerdan cómo, en 1981, había comunidades enteras reportadas y acusadas de ser “guerrilleros” por el ejército. Esto tuvo, como consecuencia, la migración masiva hacia otros lados como Honduras, El Salvador y otras regiones de Guatemala.

MEMORIAS DE NUESTRA COMUNIDAD.

¡Qué largo ha sido este viaje! ¡Cuántas enseñanzas nos han dejado!

Contemplemos la maravillosa comunidad  étnica Ch’orti’ que forma parte de Guatemala, nuestro país. Acerquémonos a sus pobladores para conversar con ellos, para que nos cuenten lo que saben de sus orígenes, de sus antepasados, de sus costumbres, de sus creencias, de su organización social, de sus creaciones artísticas, de la naturaleza que los rodea.

Busquemos a otros pueblos, abuelas, ancianos y ancianas y juntos sentémonos a platicar.
Los abuelos y las abuelas cuentan muchas historias sobre el origen de las viejas comunidad Ch’orti’ y de sus propios poblados. Oigamos algunos de esos relatos.

Idioma.

El idioma Ch’orti’ es de uso familiar y comunitario; fuera de ella, la comunidad se realiza totalmente en castellano.

Existen algunas comunidades donde se comunican únicamente en castellano porque, desde pequeños, sus padres no les enseñaron a hablar en Ch’orti’. Sin embargo, están de acuerdo en aprenderlo.


Educación.

En la actualidad, muchos padres de familia mandan a sus hijos a hijas a las escuelas de las comunidades para que puedan estudiar y prepararse para obtener mejores oportunidades de trabajo.

Antiguamente, la educación que se impartía era familiar; ésta giraba en torno a la agricultura, el respeto a los mayores y la propiedad ajena. Dicha educación era transmitida, de generación en generación, por medio de la tradición oral y el ejemplo. Además, se instruía en el oficio de la fabricación de las diferentes artesanías que se elaboraban en el seno de la familia.

Familia y matrimonio.
La familia está integrada por los abuelos, el papá, la mamá, y de 4 a 6 hijos e hijas quienes, al estar en condiciones de formar su propia familia, la realizan.

En esta comunidad, el noviazgo y el matrimonio no son obligatorios, pero si se acostumbra que las mujeres deben ser pedidas por los varones. Primero, va la mamá del muchacho a hablar con la mamá de la muchacha para comunicarle las intenciones de su hijo. Luego, la mamá de la muchacha invita al muchacho para que llegue a su casa a platicar con los dos padres.

Transcurridos 15 ó 20 días, el muchacho llega a casa de los padres de la muchacha para comunicar sus sentimientos; tendrá que llegar varias veces hasta que le den una respuesta afirmativa. Cuando es aceptado este matrimonio, las madres de los novios van al mercado para comprar la dona (Zapatos, aretes, collares, fustanes, toalla, pañuelos pequeños, ganchos de pelo y uno o dos vestidos de cualquier color), la cual será suficiente para que la muchacha pueda iniciar su vida matrimonial  con el muchacho. Si la boda es religiosa, entonces se debe comprar un vestido blanco, aparte de lo que ya se compró.

Las muchachas se casan  a partir de los 18 años y, las que sólo se juntan con sus novios, lo pueden hacer a partir de los 14 años. Los muchachos pueden iniciar su vida familiar a partir de los 18 ó 20 años. Al casarse empiezan a vivir en la casa de los papás del muchacho hasta que éste haya construido su propia casa.

En varias comunidades Ch’orti’ existen madres viudas o solteras, como consecuencia de la violencia de los años 80 o de los reclutamientos para prestar servicio militar.

Por la pobreza, la falta de tierras cultivables y una buena producción, toda la familia se involucra en el trabajo: crianza de aves de corral, marranos o ganado; elaboración de artesanías; y agricultura. También ha sido necesario en muchos casos, la migración temporal a ciertas regiones de Guatemala, Honduras y El Salvador.

Desarrollo comunal.

En la comunidad Ch’orti’ existen varios comités de desarrollo local, los cuales velan por el desarrollo de las comunidades. Existen comités que trabajan juntamente con organizaciones nacionales e internacionales como el Cuerpo de Paz, DIGESA, DIGEBOS, CARE, Visión Mundial y el Comité de Reconstrucción Nacional. Todos estos comités promueven técnicas para el mejoramiento de los cultivos agrícolas y hacen más productivas las pocas tierras que poseen. Están al mando de la comunidad, la cual elige a los miembros y toma las decisiones respecto a las acciones que se seguirán; también  elige a las personas que fungirán como alcaldes auxiliares según los méritos que hayan alcanzado o la capacidad que hayan demostrado para ocupar estos cargos.

INDUMENTARIA.

El traje antiguo consistía en calzones blancos para los hombres y cortes plegados para las mujeres.

Este traje ya no se usa, ya que el precio es elevado y los salarios no son suficientes para seguir vistiendo de esta forma. Además, los hijos e hijas ya no quieren usarlo, lo que ha motivado a cambiar las formas de vestir. Estos cambios, en algunos casos se debieron a las constantes humillaciones (acrecentadas en el momento de tener que prestar servicio militar) a que fueron sometidos los abuelos y los padres actuales; se les decía “chucho blanco” o “caballo blanco”.

Sin embargo, en algunas comunidades y familias conservadores, entierran a sus difuntos con este traje blanco, al cual ellos llaman “mortaja”.


TRABAJO INDIVIDUAL Y COLECTIVO.

En casi toda la comunidad Ch’orti’, las actividades principales son las agrícolas, domésticos y artesanales.

Las tierras se trabajan de acuerdo con la extensión que posea cada individuo o familia. Además, quienes tienen posibilidad de contratar mano de obra ajena a la familia, lo realizan; quienes no pueden, comparte el trabajo con otras familias, primero se hace el trabajo de una familia y luego de la otra. La cantidad de tierras que poseen varía desde las cuatro tareas (cuerdas) hasta  dos o tres manzanas.

El trabajo colectivo se realiza cuando el trabajo es de beneficio comunal: introducción de agua potable, construcción de un centro de salud o de la escuela, introducción de una carretera,  instalación de llenacántaros, ayuda mutua durante la construcción de una vivienda, cuando uno levanta su casa, ayudan todos los del poblado a levantar las paredes colocar el techo, acarrear los materiales y comparten su comida-.

Las autoridades de la comunidad son las encargadas de organizar y coordinar la labor.
Los cultivos más desarrollados son el maíz y el frijol, como base principal del sustento diario; el maicillo, el maguey y el tul, materia prima para elaborar lazos, redes, pitas, hamacas, etc.

Los niños a partir de los siete u ocho años, se inician en la práctica agrícola con la realización de trabajos sencillos. Al llegar a los 12 ó 13 años, pueden salir de la comunidad para hacer sus jornales  y ganar un promedio de Q. 15.00 diarios. Las niñas, a esa misma edad, se inician con la mamá o la abuela en la elaboración de petates, lazos, pitas, etc.

Antiguamente, recuerdan los abuelos, las tierras eran trabajadas por toda la familia. Ahora, todos los terrenos tienen propietarios y, los cultivables, escasean. Por eso, terminadas las labores agrícolas de la comunidad (cuidado de maíz y frijol), la población viaja temporalmente a trabajar a fincas de Honduras, El Salvador, Zacapa y Chiquimula para cortar café o realizar cualquier otro trabajo que sea bien remunerado.

ARTES Y ARTESANÍAS.

Las artesanías que fabrican son: petates, sopladores, escobas, lazos, redes, canastos, pitas, morrales de lana, bordados a mano, ollas, comales y tinajas.
Estos productos son vendidos los días de mercado en las diferentes cabeceras municipales.

SALUD.
Las enfermedades que más se padecen son: temperatura, diarrea, vómitos y sarampión. Para curarlas, utilizan diversas plantas medicinales propias del lugar, después de hacer consultado a un abuelo. También hay personas que consultan al médico del centro de salud, al promotor de salud o compran directamente la medicina en las farmacias o las tiendas locales.

Cuando los niños tienen diarrea, les preparan un suero con agua, azúcar, sal y limón. Con éste se evita la deshidratación. Para que se alimente, le dan atol de dos cocimientos. Éste se elabora así: En una olla se cocina maíz sin cal, luego se muele, se cuela. Se cocina nuevamente con agua, azúcar y canela, y se toma. En algunas ocasiones se tuesta el maíz, luego de cocido; si  se prepara así, se le llama atol de siete cocimientos. Las plantas medicinales que utilizan para diferentes enfermedades son: tabardillo, limón, chacté, palo de jiote, jiquilita, etc.

VISIÓN DEL MUNDO Y DE LA VIDA.

Para toda la comunidad Ch’orti’, la tierra es sagrada porque de allí sale el alimento para todos: para el hombre, las plantas y los animales.

La luna y el sol juegan un papel importante en la vida de los habitantes de esta comunidad. Por medio de éstos saben cuándo iniciar sus prácticas agrícolas o realizar siembras y cultivos específicos.

Los abuelos dicen que es malo salir durante la noche, porque tanto los animales como los malos espíritus pueden salir en el camino y apoderarse de la vida de una persona.

El día es el momento que tenemos los vivos para trabajar y caminar porque Dios da la claridad y los cuida.

Las antiguas prácticas religiosas mayas a nivel comunal se han perdido; sólo se practican a nivel familiar. Las más comunes son las que se realizan cuando se inicia la siembra del maíz y se pide permiso a la madre naturaleza por el daño que se le ocasionará sembrando en ella el grano sagrado de la alimentación diaria del Ch’orti’.

También cuando se pide la lluvia necesaria para tener una buena producción y cosecha. Para esta ocasión el anciano que dirige la ceremonia se encamina al terreno donde se realizará la siembra. A medio terreno abre un agujero en el suelo, corta la cabeza a una gallina que ha sido ofrecida como tributo y la entierra. Esta ceremonia es acompañada de oraciones, candelas y quema de copal. En algunas comunidades a la persona que hace esta ceremonia la llaman: “padrino de agua”.

LEYENDAS.
Las leyendas que se cuentan en esta área son las de la llorona, el sombrerón, el cadejo, el duende y el de la siguanaba.

LEYENDA DE LA DESTRUCCIÓN DE OLOPA.

Cuentan nuestros abuelos que el Señor (Jesucristo) se presentó en esta comunidad como una persona enferma llena de llagas en los pies; iba visitando a la gente en sus casas. Cuando llegaba a alguna casa, les mostraba las llagas de los pies y la gente no lo recibía, lo regañaban y le decías que se largara. Cuando, por casualidad, llegaba a alguna casa durante la hora de la comida, quien lo atendiera, al verlo, agarraba algunas tortillas del canasto y se les tiraba para que no se acercara; el Señor daba la vuelta y seguía su camino. Así pasó de casa en casa hasta que visitó toda la comunidad.

Iba ya de salida cuando visitó la última casa, era de una señora anciana.

El Señor le habló y la señora le respondió: “Pase adelante, entre”. El Señor le contestó: “Aquí no más”. La señora le replicó: “no, entre”. Entró el Señor, la señora le tendió un pedazo de lienzo de algodón y le dijo que descansaran y agregó: “no, no puedo descansar, porque estoy enfermo”. Pero la señora le insistió. Entonces, el Señor descansó sobre el petate y cubierto con el lienzo de algodón que le dio la señora. Al levantarse, las llagas no llevaban prendido nada de la tela de algodón. La señora preparó comida y llamó al Señor para comer: Él tomó el caldo, con la tortilla y dejó la carne.

Entonces dijo Él: “ahora, vas a salir de aquí porque este pueblo va a ser destruido”. “Pero, ¿cómo hago para dejar mi casa?”, dijo la señora. El Señor replicó: “Usted déjela y váyase; no se quede aquí. Tome el rumbo del oriente o del poniente, pero no se quede aquí”. Entonces la señora obedeció, tomó su ropa, se la puso sobre la cabeza, amarró su perro a la espalda y cargó entre sus brazos a su pequeño. Antes de salir, el Señor le advirtió: “Cuando caiga truenos, no voltee a ver ni vaya a decir “¡ay Dios mío!”. Usted continúe su camino. “Está bien”, le respondió.

No había pasado mucho tiempo después de que la señora había salido de su casa (iba subiendo un gran cerro que conduce hacia la aldea Muyucu), cuando oyó un arrasador trueno que caía sobre Copán. En ese momento volvió a ver hacia el este y dijo: “¡Ay, mi pueblo, se perdió!”. En ese instante ella cayó al suelo convertida en una piedra. Esta muestra claramente el tanate de roca en la aldea, el perro y la cría entre los brazos. Toda la gente que había en las casas de Copán se convirtió en piedra.

Esta desgracia cayó sobre Copán por no reconocer al Señor y no brindarle ningún apoyo.

RITUALES DE CURACIÓN:

Según algunas creencias cuando una persona es asustada o perseguida por el espíritu (nawal) de alguna persona muerta asesinada en el camino, hay que visitar a un anciano o curandero para que le libere de la muerte. El procedimiento que se sigue es: sobar a la persona con hojas de tabaco, pasarle una gallina de color rojo y negro, y hacer oraciones en idioma Ch’orti’, a la vez que se quema copal  y candelas. La gallina de color rojo es para llamarle el espíritu del que fue asustando por el ánima de un ausente. La gallina de color negro se usa cuando las personas son asustadas por otro tipo de espantos. También se usa una gallina de color blanco para los asustados por espantos de  agua, de nacimientos de agua, de aleros de la casa y de las goteras. Estas gallinas sirven también para realizar otros rituales de curación dependiendo de la procedencia de la enfermedad.



LA GRANADERA

Tzijb’arir rum nojchinam
Pabellón Nacional
Ne’t  jax  tzijb’arir  Chinam Iximrum
eres el símbolo de mi país,
lajt’ib’  rum  xe’ irseyaj kachich yi Iximrum
emblema universal que identificas nuestra sangre y nacionalidad.
Achuwan tama e ik’ar tuka twa’ sakunob’
ondeas en el viento en señal de hermandad,
Nawal jax umen nojta’ inb’utz yi twa’ ub’ajner.
signo eres de soberanía y de libertad.

Taka  kub’syo’n war kawira inb’utzir
con reverencia honramos tu hermosura
Yi ta k’anpa’r no’n war kawira inb’utz
y con civismo honramos tu esplendor,
Atzijb’arir inb’utz tu’t e k’in,
tus colores belleza de cielo,
Yi utokarob’ ache inb’utz chakte’ e inb’utz kuk.
y con nubes hizo suave nido el bello Quetzal.

JURA A LA BANDERA
KATZIJB’ARIR
Bandera nuestra
TA  NE’T  KACHOJB’ES
a ti juramos
K’ONER YI EJKAR TWA APAXI
devoción perdurable
WARTO MA ASATPA
lealtad perenne.
INB’UTZ, MATAKA YI KAJNYER
honor sacrificio y esperanza,
TU’T E B’ISK’IN UKACHAMER
hasta la hora de nuestra muerte
TAMA E UKAB’A TWA E CHICH YI TWA E RUM,
En nombre de la sangre y de la Tierra,
KAPAXI WARTO TWA E INB’UTZ
juramos mantener tu excelsitud

UMEN MEYRA NUMER MEYRA
por sobre todas las cosas
TAMA E UKAJNYER AJK’INOB’
en los prósperos días
YI TAMA E MATAKA AJK’INOB’
y en los días adversos.
YI WARTO WARTO YI KAXIN E CHAMSEYAJ
y velar y aún morir
TAMAR ACHUWAN MEYRA AJK’INOB’
porque ondees perpetuamente
TAMA E CHINAM IXIMRUM INB’UTZ
sobre una patria digna.

CORRIDO A IPALA.  K’AY  TA  CHINAM IPALA
Inkuxpa yar Chinam
Ipala inb’utz,
yaja’ tama e nojja’
uwira el Katu
yi yaja’ tama e iximob’
sajmi war jaja’r.

Ipala ture’n
ojrono’x ink’ay
ojrono’x an’ru
taka ne’n jax inb’utz.

Uwixiktak intzuren
war inb’utz inb’utz
uwinikob’ nojta’
ma’chi ayan nojtob’,
yi tama e uk’anirob’
jaxir yi yaja’.

CORO: Ipala ture’n ….

Ipala twa’ nik’anire’n

¡CH’AJB’EYX!
          NE’N AYAN NITUJRUR
Ne’n taka xe’ chuchu’ tama e otot
Xe’ chuchu’ tama e b’ajxanir,
ne’n xe’ inkajyere’n tu’t nitu’
tu’t niwajkanseyaj jax e ek.

Yaja tama e otot nitu’ inb’utz
ukxiniti’ tuno’r e ajk’inob’,
tara ta kanwa’r tuno’r e chuyujk’in,
tut niwajkanseyaj uyajke’n e tzayer.
Ne’n ayan nitujrur
utub’i inwirsyo’x
jay inkojt winik k’ani umanye’n

nitatob’ inb’utz xe’
mataka unb’yob’
¡LOKENIK TARA!

SOY UN TESORO
El más pequeño soy de mi casa,
el más pequeño soy de primero,
soy el encanto de mi mamita,

de mi maestra soy el lucero.

Allá en mi casa mi buena madre,
me come a besos todos los días,
y aquí en la escuela todas las tardes
mi maestrita me da alegrías.                          


Soy un tesoro
puedo probarlo,
                               si un rey quisiera comprarme a mí
mis buenos padres sin escucharlo
                                responderían
                                               ¡FUERA DE AQUÍ! 


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